El álamo y el viento
- Isaac Chagoya Rinza
- 22 nov 2017
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 23 nov 2017
Hay en el patio de la escuela un hermoso álamo que un querido amigo sembró hace algunos años, estar bajo su sombra y escuchar el movimiento de las hojas es algo reconfortante, relajante... comparto este texto que escribí una tarde al escuchar como el viento jugaba alegremente con con las hojas de este bello álamo:
Escucho fuertemente el viento... ¿Qué dice? No lo sé, pero escucho que charla con la ramas y las hojas le aplauden, se ríen... ¿Qué les contará... Quizás historias de otros lugares, de otras colonias de árboles, de otras hojas...quizás, quizás.... Porque el viento tiene tanto que contar, porque ha visitado tantos lugares, ha tocado tantas hojas, cosas, tantos cuerpos...tantos...tantos.

Disfruto al verlo mover las ramas y las hojas, tan juguetón, tan travieso, tan retozón; disfruto ver el efecto de su cambiante personalidad, a veces tranquilo, a veces reposado, de pronto......violento y amedrentador; de pronto quiere pasar desapercibido y sigiloso se desliza por cada rendija y penetra en cada rincón.
En lo alto lo veo jugar con las nubes y las obliga a transformarse, a mutar....las alarga, encoge, dispersa, las estrecha con violencia, con pasión...poco a poco las guía en un ballet aéreo que despierta los recuerdos y la emoción. Alcanzo a gritarle: vuela viento, vuela, no te detengas, dí lo que tienes que decir; grítalo, que alguien...alguien te escuchará y mientas vuela, el álamo lo contempla y disfruta su vuelo con admiración.

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